En la mayoría de los países hispanoamericanos existe una arraigada tradición en torno a la vivienda propia. Algunos, erróneamente, la consideran su principal activo. Otros saben de sobra que para sus ingresos mensuales es un pasivo enorme, y aun así es lo único en lo que invierten. En España, más de la mitad de lo que entra en casa cada año acaba yendo a la vivienda, de una manera o de otra.
Al firmar nadie pregunta cuántos escalones hay en el portal. Se pregunta por el precio, por la orientación, por el barrio. Los escalones aparecen más tarde, el día de una operación de rodilla o el día en que la madre de alguien se viene a vivir una temporada. Entonces ya hay hipoteca y ya no hay margen.
Primero, los planos
Construir una casa es el sueño de muchas personas, de manera que puedan tener su propio hogar. Luego de años de ahorros, finalmente llega el momento de hacer realidad ese proyecto. Y antes de mover un ladrillo hacen falta unos planos donde quede dibujado lo que uno quiere, centímetro a centímetro.
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El plano es lo primero que hay que tener y lo último que se mira. En él se decide todo: las dimensiones, el tipo de casa, dónde cae cada habitación. Ahí dentro caben también cosas que casi nunca se piden por su nombre: el ancho del pasillo, hacia dónde abre la puerta del baño, cuánto hueco queda libre delante del lavabo.
Las medidas que se manejan son siempre las mismas: ochenta centímetros de paso libre en una puerta, un metro veinte de pasillo, metro y medio de diámetro para que una silla de ruedas gire sin maniobrar. Sobre el papel son tres líneas. Después son tabiques.
Con los planos delante se puede:
- conseguir un presupuesto de mano de una empresa constructora;
- tener una visión clara de lo que se desea construir y cómo hacerlo;
- obtener el permiso requerido ante el ayuntamiento de la ciudad;
- y ver si una silla de ruedas pasaría por el pasillo y giraría delante del baño.
Lo que pide la normativa
En España se citan siempre dos textos. El Real Decreto 505/2007, que fija las condiciones básicas de accesibilidad y no discriminación para el acceso y la utilización de los espacios públicos urbanizados y las edificaciones. Y el Código Técnico de la Edificación, cuyo documento básico de seguridad de utilización y accesibilidad (DB-SUA) es el que acaba encima de la mesa del arquitecto.
La expresión que se repite en los dos es itinerario accesible. De poco sirve la rampa de la entrada si tres metros más allá hay un escalón, o un baño adaptado al que se llega por un pasillo de setenta centímetros. Lo que se mira es el recorrido entero, desde la acera hasta dentro de la casa, y ahí entran el portal, el ascensor y la puerta.
En los locales abiertos al público el asunto se llama estándares comerciales, pero es el mismo. Un escalón en la puerta se nota en la caja: hay clientes que no entran, no se quejan y no vuelven, y el comerciante rara vez llega a enterarse de por qué.
Lo que cuesta adaptar después
En muchos países de Hispanoamérica, la mejor —y hasta la única— forma de adquirir una vivienda principal es mediante el uso de los préstamos de hipoteca. Según el plazo, esos préstamos acaban sumando un 30% o hasta un 50% por encima de lo que vale el piso, y se llevan por delante los diez años siguientes como poco. En España la foto es parecida.
Detrás del hecho de encadenarse a una vivienda, por razones de arraigo cultural, está un concepto políticamente olvidado, y es el del ahorro. Con la letra ya firmada las obras se van aplazando. Se aplaza la ducha, se aplaza el pasamanos, y el ascensor directamente se deja para cuando lo pida la comunidad.
Quitar la bañera y poner un plato de ducha es cosa de una semana y un fontanero. Ensanchar una puerta depende de dónde caiga el pilar. Meter un ascensor en un edificio que nació sin él son permisos, refuerzos y una junta de vecinos que puede tardar años en decir que sí, si es que lo dice. La distancia entre lo primero y lo último es enorme y se decidió en su día sobre el plano.
Preguntas frecuentes
- ¿Hace falta permiso de la comunidad para una reforma de accesibilidad?
- Dentro de casa, no: ahí mandan las normas del ayuntamiento y el técnico que firme. En el portal, la rampa o el ascensor sí entra la comunidad, aunque la Ley de Propiedad Horizontal la obliga a asumir determinadas obras de accesibilidad hasta cierto límite de gasto al año. Por encima de ese límite hay que votarlo. Conviene pedirlo por escrito y explicar el motivo.
- ¿Un local pequeño está obligado a ser accesible?
- Tiene que garantizar el acceso, con matices según la antigüedad del edificio y lo que se pueda hacer en él razonablemente. Cuando la obra no hay manera de hacerla se buscan ajustes razonables: cambiar el sentido de la puerta, una rampa desmontable homologada, un timbre de aviso. Lo que no vale es no haberlo mirado nunca.
- ¿Qué se mira primero al ver un piso pensando en adaptarlo?
- El portal, antes que la cocina. Si hay escalones para entrar al edificio, si el ascensor para a nivel de planta o a medio tramo y si cabe una silla dentro. Luego, el ancho del pasillo y la puerta del baño. Con eso ya se sabe casi todo lo que va a costar.
- ¿Sirven los planos que se descargan de internet?
- Para elegir distribución y hacerse una idea, sí, y salen gratis. Para construir no, porque el proyecto lo firma un técnico que responde de él y lo ajusta a la parcela, al clima y a las ordenanzas del municipio. Sirven para llegar a esa reunión con algo en la mano.
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