La masacre de Las Vegas: ¿Dónde estuvo el verdadero problema?

Será el tema de cada hora del día, durante mucho tiempo. Estados Unidos ha presenciado el peor ataque terrorista de su historia, en una masacre que marcó a más de 600 personas (entre fallecidos y heridos de bala). El autor, sin embargo, pareciera ser un hombre del que nadie sabe, del que nadie sospechaba, y al que todos se les ha hecho difícil descifrar.

Pero, antes de seguir enlutando el pensamiento por recordar un evento tan reciente y trágico, conveniente es saber dónde ha estado el verdadero problema. ¿Qué fue lo que realmente falló?

La hipótesis de toda la vida

Cuando suceden este tipo de eventos trágicos, que en Estados Unidos han sido muy frecuentes en los últimos 7 años, el primer argumento publicado y oxigenado a través de los medios de comunicación es el de la enfermedad mental.

Pero, en el caso particular del autor material de la masacre de Las Vegas, esta hipótesis quedó descartada desde el primer momento. No había indicios ni diagnósticos, y sus familiares aseguraron que no existía ningún patrón de conducta tan extraño como para asociarlo a una crisis conductual que lo condicionara o le llevara a cometer tal acto.

La crisis armamentística de Estados Unidos

Cada vez que suceden estos eventos, sale a flote la conversación eterna de la política estadounidense. ¿Por qué se venden armas tan libremente en el país?

Es de recordar que entre el año 2001 y el año en curso, han muerto más de 500 mil personas en sucesos relacionados a las armas de fuego. Una cifra que representa la mayor para un país que no está afectado por una guerra.

No obstante, el tema siempre termina engavetado. Y tampoco pudiera ser el argumento central, ya que en Europa –donde sí hay control de venta de armas- han ocurrido atentados con hasta más muertos que el de Las Vegas.

El sector de inteligencia internacional

Tras lo ocurrido en Cataluña, en Niza y en el teatro parisino, la inteligencia internacional (especialmente el FBI) se mantuvo –o debió mantenerse- alerta ante el aviso de posible atentado. Era algo de esperar, porque las tendencias no hacen sino cumplirse.

Pero, algo falló. Y pudo ser una combinación de todo. Pero, el hecho de entrar a un hotel en Las Vegas, hospedarte en un piso con una vista directa a la multitud del concierto, y llevar contigo una veintena de armas sin que la “inteligencia” oficial se hubiera percatado. Ese fue el primer error. Lo demás, fue consecuencia de dejar hacer.