La importancia de que un trabajador conozca la estabilidad laboral

Hablar de estabilidad laboral, en términos de trabajo, debe ser una de las máximas de la felicidad para la mayoría de los que se ganan el pan. Pero esto no tiene por qué ser así.

Y en este sitio web, donde intentamos colocar la política, la economía y las cosas que afectan a la sociedad en un contexto bastante coloquial, no podemos dejar de lado el tema de la estabilidad laboral, de este statu quo asociado al trabajo, de esa animadversión al abandono de la zona de confort.

Comprendiendo la estabilidad laboral

De más está decir que la estabilidad tiene un costo político y un coste económico. Pero casi siempre, y este casi es muy importante en porcentaje, el costo político-económico es positivo para los de arriba, y negativo para los de abajo.

Porque, conforme pasen los años, los sueldos aumentarán de acuerdo a un índice errado entre tiempo, experiencia, inflación y talento retenido.

El antónimo de la estabilidad laboral

El antónimo real de la estabilidad laboral tiene más que ver con el hecho de buscar siempre una mejor alternativa (a la vista del trabajador), y no realmente de un ambiente de inestabilidad o inseguridad laboral, expuestos siempre al fenómeno generalizado de despido y al flagelo de los trabajos precarios.

Y de nuevo caemos al entorno político, de lleno.

La política y el trabajo

Muchas políticas anuncian la estabilidad laboral como la solución a todos los problemas de desempleo, cuando realmente se trata del principal causante de los problemas económicos.

En algunos casos, bajo el concepto de inamovilidad laboral el 80% de los empleados de una nación pueden darse el lujo de no trabajar lo debido, lo acordado o lo saludable para el propio país y sus empresas.

Por el contrario, en un clima de inestabilidad laboral –producto de la alta rotación-, pero con sistemas de trabajo que legislen bajo la productividad alcanzada, los salarios pudieran ser mucho más altos que la inflación y los gastos básicos de cualquier profesional.

Sin embargo, la mayoría de las naciones desarrolladas y un gran porcentaje de los que apuestan por el mote de “vías de desarrollo”, han adoptado totalmente el modelo anglosajón del empleo, fomentando un ambiente de estabilidad laboral, jornadas basadas en cumplimiento a nivel de tiempo, y primando siempre la antigüedad por encima de la productividad.

Y por eso estamos así. Al contrario del modelo escandinavo, basado totalmente en la productividad.